martes, 12 de julio de 2011

La culpa no es de "la sociedad", es TUYA

    Muchas veces cuando no conseguimos algo tendemos a soltar la famosa frasecita, que nos libra de toda responsabilidad nada más pronunciarla. Con ella podemos justificar que tengamos un trabajo que no nos gusta o que no está bien pagado, que nuetra vida amorosa sea lamentable. Ante cualquier mal, simplemente pronunciamos "la culpa es de la sociedad" y conseguimos nuestra inmediata absolución.

Pero, ¿quién es la sociedad? ¿el cartero, el fontanero, la peluquera, nosotros, todos, nadie? ¿Quién tiene la culpa realmente de que no consigamos nuestros objetivos?

No nos engañemos, la mayoría de las veces la culpa es nuestra y de nadie más.
  1. No tengo amigos porque nadie quiere ser mi amigo: mentira. No tienes amigos porque cometes una lista innumerable de errores, entre los que seguramente están los siguientes:
        1. no interactuar con gente
        2. quedarte encerrado en casa
        3. no practicar ningún hobby
        4. rechazar invitaciones y perder ocasiones
  2.  Odio mi trabajo pero no es culpa mía. No puedo hacer nada porque "es así". De nuevo otra mentira. Cierto que en estos tiempos es mucho más difícil un cambio de este tipo, pero:
        1. ¿estás al tanto de todas las oposiciones que salgan?
        2. ¿no descuidas tu formación e intentas cubrir los huecos que tengas, que tal el famoso inglés?
        3. ¿has enviado al menos un CV este mes?
        4. ¿has solicitado un cambio de departamento en tu empresa? 
        5. ¿le has planteado a tu jefe que te gustaría hacer otras cosas? 
  3. Mi vida sentimental es un desastre. Me cuesta mucho conocer mujeres. No las entiendo. ¿Y qué has hecho por cambiar esto?
        1. ¿te quedas en casa?
        2. ¿has buscado algún libro o foro que te pueda ayudar?
        3. ¿cuidas tu aspecto físico?
        4. ¿tienes amistades femeninas?
        5. ¿has pedido ayuda a tus amistades, masculinas o femeninas?
Como veis, y si bien es cierto que no siempre es así, muchas veces usamos a los demás como un escudo para no enfrentarnos a nosotros mismos. Ahora bien, podemos cambiar esto siempre y cuando deseemos hacerlo. Es tan simple como proponérselo, hacer una lista de pasos pequeños para dar y ... dar el primero. Te sorprenderá hasta dónde puedes llegar.


Puedes cambiar tu vida, pero sólo si quieres.
           

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